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¿De quién depende cómo te tomas las cosas? ¿Cuánto de influencia tienes en todo aquello que ocurre a tu alrededor? Un planteamiento básico y sencillo, llevado a su mínima esencia, facilita y ayuda a relativizar todo aquello cuanto nos rodea. Te hablamos aquí sobre La Ley del Espejo. 

Estas claves fundamentales a modo de cuestiones básicas, pero también poderosas, ayudan a conocer mejor el mundo que nos rodea y todo aquello que acontece a nuestro alrededor y, sobre todo, a entender cómo reaccionamos ante los diferentes estímulos con que nos topamos en el día a día, tanto en nuestra vida personal como en nuestro trabajo.

Para ello, es de gran ayuda el mirarnos hacia dentro, favorecer un mayor autoconocimiento y autoaceptación, entender que lo que ocurre es un reflejo y proyección de ti mismo, dando por sentado que cada uno relativiza a su manera, entendiendo ello en tanto cada persona, en base al grado de conocimiento de que disponga sobre sí misma, según el contexto o circunstancias del entorno y de acuerdo a su propio “mapa personal”, sus propias creencias y prejuicios. Cada uno siente y cuenta con percepciones de manera diferente ante idénticas o similares situaciones.

¿De quién o qué depende cómo percibes y te tomas las cosas en tu entorno laboral?

Resulta en este contexto de clara aplicación la denominada “Ley del Espejo”, cuyo libro homónimo recoge una máxima propuesta por el japonés experto en coaching, Yoshinori Noguchi (Hiroshima, 1936), como regla para solventar aquellos problemas que afectan a la felicidad de cada uno. Dicho autor nos sitúa delante de un espejo para enfrentarnos con nuestro interior que es, en definitiva, el que determina todo lo que nos sucede en la vida.

Para Noguchi, los acontecimientos que ocurren en la realidad son el “resultado”. Cada resultado siempre tiene una “causa”. Y esta causa se halla en su interior, es decir, la realidad de la vida de cada uno es el espejo que refleja su interior.

Según Noguchi, “utilizando esta ley, muchas personas han conseguido cambiar una situación actual adversa y hacer realidad la situación deseada”.

El principio de la ley del espejo sugiere, que nosotros mismos somos los únicos responsables de manejar creencias, ideas, prejuicios y pensamientos positivos o negativos hacia los demás. Debemos gestionar lo que acontece gradualmente, poco a poco, hasta reaccionar ante las situaciones de manera tranquila y libre de pensamientos negativos o nocivos para la mente, analizando nuestro comportamiento propio.

Todo comienza y todo termina en el sí mismo, pues es la proyección la que juega con nuestra mente, como si nuestra realidad fuese un espejo que nos devolviese la imagen que estamos generando.

Por ello, es conveniente analizar y valorar cómo actuamos y tratamos a quienes nos rodean, como nuestros compañeros o responsables, de manera que nos resulte más fácil identificar nuestros propios errores o comportamientos mejorables. Generalmente el enfado es con uno mismo y no con el otro. Lo que nos molesta de los demás, es lo que nos negamos a nosotros. Por ello, debemos someter a examen lo que genera animadversión de los demás.

Las personas proyectamos lo que llevamos dentro, por lo que todo aquello que nos “chirríe” de los otros, probablemente dirá más de nosotros mismos que de los demás.

Teniendo en cuenta que para la “ley del espejo” básicamente el mundo exterior actúa como un espejo para nosotros y que lo que ese espejo refleja no es más que nuestras luces y sombras, nuestro mundo interior, una vez interiorizada de manera consciente, es más que posible transformar la manera que cada uno tiene de ver la vida.

Así, de esta manera, tus problemas se convierten en fuentes de aprendizaje. Todo lo negativo que genera en ti la otra persona, pasa a ser el foco de tu propia cura en un claro proceso de aprendizaje personal que favorecerá un mayor grado de conocimiento de ti mismo, abierto y proclive a tu propio desarrollo y crecimiento.

Con esta “ley”, entiendes que lo que nos molesta de los demás es algo nuestro que no estamos viendo o no queremos ver, que los demás sólo reflejan aquello que tú has de sanar, permitir o liberar en ti, ya sea aceptándolo meramente o trabajándolo para que no te afecte.

Una vez realizado el ejercicio y autoanálisis que requiere la “ley del espejo”, es fácil pasar a ser consciente que la causa fundamental de todo aquello que experimentas y de aquello que los demás te muestran, está en ti.

En definitiva, la ley del espejo nos ayuda a ser conscientes de la singular “realidad” que nos rodea y, sobre todo, de la reacción que mostramos, al desarrollo de la autoaceptación, a favorecer personalmente la responsabilidad debida, así como al ejercicio inmediato de nuestra capacidad de acción para el cambio (actuando o aceptando).

Si tú no cambias, no cambia nada, si bien, si tú cambias, las cosas que te rodean y la forma de entenderlas, cambia (Ya sabes, la clave está en ti; tú decides…).

SOBRE EL AUTOR DEL ARTÍCULO

Juan Antonio Jaén

 

JUAN ANTONIO JAÉN

Director de Servicios de Formación en Audiolís

jajaen@audiolis.com

 

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