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El 70% de las empresas familiares no sobrevive a la segunda generación
18/01/2010
(Fuente: Aprendemas.com)
Las empresas familiares no llegan a los hijos en siete de cada diez casos, según el libro ‘Empresa familiar. Claves para la supervivencia en un mundo cambiante’ de Cristina López-Cózar Navarro y Tiziana Priede Bergamini, profesoras de IEDE Business School. Las autoras apuntan a la confusión entre el ámbito laboral y personal, así como a la eventual falta de profesionalización de sus miembros como los principales motivos de su corta supervivencia.
Ante una crisis, la empresa familiar exhibe ventajas e inconvenientes. Entre las primeras, la unidad de la familia empresaria, la intención de permanencia a largo plazo y una estructura financiera conservadora destacan como sus grandes fortalezas. Pero entre las segundas sobresalen la confusión entre el ámbito laboral y personal, así como la eventual falta de profesionalización de sus miembros.
Las autoras del estudio aseguran que la creación de un protocolo antes de que aparezcan los problemas es clave para garantizar una vida larga a estas compañías.
Esta tipología de empresas, además, es una pieza importante para el buen curso de la economía nacional, ya que basándose en varios estudios las autoras del libro estiman que en torno a un 80% de las empresas españolas responde a este modelo, “tomando por empresa familiar aquella en la que una o varias familias poseen una parte importante del capital, sus miembros intervienen en la dirección y tienen la intención de transmitir el negocio a las siguientes generaciones”.
Mayor compromiso y dedicación
La principal diferencia respecto a una empresa sin vinculación familiar es que en un escenario económico hostil y de incertidumbre general, mientras las empresas no familiares consideran a menudo su venta o disolución ante la falta de resultados, los negocios que están al cuidado de una familia no tienen límite de dedicación. De ellas depende el sustento del núcleo familiar y por eso se caracterizan por una visión a largo plazo y de continuidad.
El libro recomienda por ello seguir un protocolo adaptado a las características de cada organización que sirva “para regular las relaciones personales, económicas y profesionales entre los miembros de la familia y la empresa” y añade que la función de este protocolo sólo es práctica cuando la empresa afronta algún conflicto.
Entre otras cosas, las cuestiones que delimitará ese protocolo serán cuál es la mejor herramienta para delimitar el acceso de los miembros de la familia a la empresa, definir los puestos de responsabilidad, determinar las políticas de dividendos y la política de financiación en relación con los familiares o prever la sucesión de los fundadores.
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